Cada Copa del Mundo llega acompañada de una certeza incómoda: nadie sabe de verdad qué va a pasar. Aun así, cada cuatro años el planeta entero se lanza a adivinar quién levantará el trofeo, y la historia del torneo terminó llenándose de pronósticos memorables. Algunos resultaron asombrosamente certeros; otros envejecieron tan mal que hoy provocan una sonrisa. Vale la pena repasar los más llamativos, porque ayudan a entender por qué el futbol nos sigue sorprendiendo después de casi un siglo de Mundiales.
Cuando el favorito se cae en la primera ronda
La lógica dice que el campeón defensor debería llegar lejos, pero el Mundial se encargó de desmentirlo una y otra vez. Desde 2002, cuatro de los últimos cinco campeones vigentes cayeron en la fase de grupos: Francia en 2002, Italia en 2010, España en 2014 y Alemania en 2018. Los franceses de aquel torneo ni siquiera anotaron un gol mientras defendían su título, algo que ningún otro campeón había sufrido en la historia de la competencia.
Anticipar esos golpes es más difícil de lo que parece. Antes de cada torneo, los grandes medios y las casas de apuestas difunden pronósticos y momios que ubican a los campeones vigentes entre los favoritos, y el balón termina desmintiéndolos. Alemania es el ejemplo reciente más claro: llegó a Rusia 2018 como una de las selecciones mejor valoradas y terminó última de su grupo, debajo de una selección mexicana que la venció en el debut.
Los oráculos con aletas, patas y tentáculos
El pronóstico más famoso de todos no lo hizo ningún analista: lo hizo un pulpo. Paul, un ejemplar de pulpo común que vivía en el acuario Sea Life de Oberhausen, en Alemania, acertó los ocho emparejamientos que se le propusieron en el Mundial de 2010, incluida la derrota alemana ante España en semifinales y el triunfo español en la final. Sumando su paso por la Eurocopa 2008, cerró con doce aciertos de catorce, cerca del 86 por ciento. Su método era sencillo: comía de la caja marcada con la bandera del equipo que ganaría el partido.
El acierto perfecto lo volvió una celebridad mundial y, curiosamente, también blanco de amenazas de aficionados molestos; murió pocos meses después del torneo y su acuario le levantó un monumento. El fenómeno abrió la puerta a una larga fila de imitadores. En Rusia 2018 apareció Aquiles, un gato blanco y sordo del Museo del Hermitage de San Petersburgo, que atinó el resultado del partido inaugural entre Rusia y Arabia Saudita luego de haber acertado tres de cuatro en la Copa Confederaciones. En Qatar 2022, dos nutrias de un acuario de Bangkok, en Tailandia, señalaron a Argentina como campeona ante Francia, y el vaticinio se cumplió. Ninguno tuvo respaldo científico, pero todos capturaron la imaginación de millones.
Cuando los números y las estrellas fallan
Los modelos estadísticos tampoco corrieron con mejor suerte. Para el Mundial de 2014, el banco Goldman Sachs pronosticó una final entre Brasil y Argentina con triunfo brasileño por 3-1; el anfitrión terminó goleado 7-1 por Alemania en semifinales. Cuatro años después, el banco corrió un millón de simulaciones y volvió a colocar a Brasil como favorito, pero los sudamericanos cayeron en cuartos y el título viajó a Francia.
Un capítulo aparte merece Pelé. El brasileño acumuló tantos pronósticos fallidos que en varios países se habló, medio en broma medio en serio, de una "maldición". En 1994 señaló a Colombia como campeona y el equipo quedó eliminado en la primera ronda; en 1998 respaldó a España, que también se fue temprano; y en 2014 apostó por su Brasil, protagonista de aquel 7-1. Por una vez, en 2010 se decidió por España y acertó, como para recordarnos que hasta las peores rachas se rompen.
El orgullo jarocho también tuvo su Mundial
Veracruz sabe bien que el futbol no respeta pronósticos. Del puerto salieron y pasaron figuras que llegaron a la Copa del Mundo, y ocho jugadores disputaron el torneo mientras vestían la playera de los Tiburones Rojos, desde "Chucho" del Muro en 1966 hasta Cuauhtémoc Blanco en 2010. A esa herencia se suma Luis "el Matador" Hernández, nacido en Poza Rica, quien en Francia 1998 marcó cuatro goles y se convirtió en el máximo goleador mexicano en Mundiales, un registro que todavía comparte con Javier Hernández. El detalle da para presumir: el hombre que ostenta ese récord nació en el norte veracruzano.
Ese es el encanto del torneo: por más datos y algoritmos que se acumulen, el marcador final rara vez cabe en un pronóstico. Cuando el Mundial vuelva a México en 2026, reaparecerán las quinielas de oficina y, quizá, algún nuevo animal convertido en oráculo. Y si la historia sirve de algo, casi todos volverán a fallar.
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