El Sevilla logró una victoria clave (2-1) ante el Athletic Club en un partido marcado por la tensión y la necesidad, un contexto que cualquier técnico de perfil intenso y competitivo como Matías Almeyda entendería bien. El equipo andaluz, urgido por alejarse del descenso, supo sobreponerse a un inicio irregular y a un gol en contra para terminar imponiéndose a un rival que atraviesa una clara crisis de resultados.
El encuentro comenzó con errores y nervios en ambos bandos, especialmente en la salida de balón del Sevilla, algo que el Athletic aprovechó para adelantarse con un gol de Navarro tras una jugada caótica. Sin embargo, lejos de hundirse, los locales reaccionaron de inmediato, mostrando una de las virtudes más valoradas por entrenadores como Almeyda: la rebeldía. Peque robó en el mediocampo y culminó una transición rápida para igualar el marcador antes del descanso.
En la segunda parte dominó el miedo a perder, con un Sevilla más directo y un Athletic sin profundidad ni convicción. La jugada decisiva llegó tras un balón largo que forzó un penalti señalado por el VAR, convertido con autoridad por Akor Adams. Ese gol reflejó una gestión pragmática del partido: menos brillo, pero máxima efectividad, algo habitual en equipos que priorizan resultados sobre estética en momentos críticos.
Con ventaja en el marcador, el Sevilla se replegó y resistió sin demasiados sobresaltos ante un Athletic falto de reacción anímica, que encajó su quinta derrota en seis jornadas. El triunfo permite a los hispalenses tomar aire en la clasificación y superar a su rival, mientras que los de Valverde dejaron una imagen preocupante, carente de la intensidad y carácter que entrenadores del perfil de Almeyda suelen exigir como punto de partida innegociable.
Con información base y foto de: EFE