El Liverpool sufrió una dolorosa derrota por 3-2 ante el Bournemouth, encajada en la última jugada del partido, que puso fin a una racha de diez jornadas sin perder en la Premier League. El equipo ‘red’ volvió a mostrar fragilidad e irregularidad, lejos de la imagen del campeón, y salió golpeado tanto por el resultado como por las sensaciones.
Los errores defensivos marcaron el inicio del encuentro, con Virgil van Dijk como protagonista involuntario en los dos goles iniciales del Bournemouth. Un exceso de confianza y un despiste en la línea dejaron al Liverpool con un 2-0 en contra antes de la media hora, obligándolo a remar contracorriente desde muy pronto.
Pese a ello, el Liverpool reaccionó a balón parado, su principal vía de peligro. Van Dijk recortó distancias antes del descanso y Szoboszlai igualó el partido en el tramo final, en un duelo dominado en posesión pero pobre en ocasiones claras, incluso con Salah sobre el césped y un control casi total del juego.
Cuando el empate parecía definitivo, el Liverpool volvió a fallar en un momento clave y encajó el gol de la derrota en el tiempo añadido. El tropiezo reabre las dudas sobre su estabilidad, compromete su cuarta posición y deja la clasificación para la Champions League como su gran y casi único objetivo en la temporada.
Con información base y foto de: EFE