Por años, Veracruz escuchó la misma pregunta: ¿cuándo volverá el fútbol profesional al estadio Luis “Pirata” Fuente? Hoy que esa respuesta finalmente llegó, resulta llamativo que también hayan regresado las campañas de descalificación, los rumores elevados a titulares y los trascendidos presentados como si fueran sentencias.
No es casualidad. En el deporte, cuando un buen proyecto comienza a generar expectativa, afición e impacto, también aparecen quienes intentan desacreditarlo antes de que ruede el balón. La diferencia entre el periodismo y la especulación radica en algo muy simple: el primero se sostiene con hechos; la segunda vive de insinuaciones.
En los últimos días diversos espacios informativos han difundido versiones sobre Piratas FC utilizando expresiones como “presuntos”, “trascendió”, “se investiga” o “fuentes cercanas”. Ese lenguaje, válido cuando existe información corroborable, pierde fuerza cuando se convierte en una estrategia permanente para sembrar dudas sin presentar pruebas concluyentes.
La crítica es necesaria. Todo proyecto deportivo debe estar sujeto al escrutinio público. Sin embargo, existe una diferencia enorme entre investigar y construir narrativas cuyo objetivo parece ser el desgaste mediático. El periodismo fortalece a la sociedad cuando informa; la debilita cuando privilegia el escándalo sobre la evidencia.
Piratas FC todavía tiene mucho por demostrar en la cancha. Lo verdaderamente relevante es que, después de más de siete años, el estadio Luis “Pirata” Fuente volverá a albergar fútbol profesional con la participación de Piratas FC en la Liga de Expansión MX, marcando el retorno de un equipo profesional al inmueble. Ese hecho representa una magna oportunidad deportiva, económica y social para Veracruz.
Miles de aficionados celebran el regreso de una pasión que permaneció ausente durante demasiado tiempo. Detrás del proyecto existen futbolistas, entrenadores, trabajadores, proveedores y familias que han apostado por construir una nueva historia. Ellos también merecen que el debate público se conduzca con responsabilidad.
El tiempo será el mejor juez. Si el proyecto cumple con sus compromisos, también deberá reconocerse con la misma amplitud con la que hoy se difunden sospechas “pagadas”.